La ofimática es la tecnología más democratizadora que ha llegado a una oficina: puso en manos de cualquiera capacidades que antes exigían un departamento informático. También es la que más problemas silenciosos genera, precisamente por lo mismo.
Lo que gana una organización
Autonomía
Una persona de administración puede montar por su cuenta el control de un proyecto sin pedir permiso ni presupuesto a nadie. Esa capacidad de resolver sin intermediarios es enorme y explica por qué la hoja de cálculo lleva cuarenta años sin ser desplazada.
Coste prácticamente nulo
Con las alternativas libres y las versiones en navegador, el coste de entrada es cero. Una empresa de cinco personas puede tener herramientas equivalentes a las de una multinacional sin gastar un euro en licencias.
Formatos que todo el mundo entiende
Un PDF, un documento de texto o una hoja de cálculo se abren en cualquier parte. Es una capa común que permite trabajar con clientes, gestorías y administración sin coordinar nada previamente.
Trazabilidad, si se quiere
Control de cambios, comentarios, historial de versiones. Bien usados, resuelven el problema de saber quién cambió qué y cuándo.
Lo que cuesta y no se contabiliza
El error invisible
Una fórmula mal arrastrada no da error: da un número. Un número plausible, que se copia a un informe, que se lleva a una reunión y sobre el que se decide algo. La hoja de cálculo no avisa de que está mal, solo de que no puede calcular.
Un programa que falla se para. Una hoja de cálculo que falla te da una cifra equivocada con toda naturalidad y sigue adelante.
El conocimiento en una sola cabeza
Es el problema más común en empresas pequeñas: el archivo que lo controla todo lo hizo alguien que ya no está, nadie entiende sus fórmulas y nadie se atreve a tocarlo. Se convierte en infraestructura crítica sin documentación ni responsable.
La versión que se multiplica
En cuanto un archivo circula por correo, deja de haber un original. Hay siete, todos ligeramente distintos, y nadie sabe cuál es el bueno.
Los datos personales sin control
Listados de clientes con nombre, teléfono y a veces mucho más, copiados en portátiles, memorias USB y correos personales. Es uno de los incumplimientos de protección de datos más habituales y menos perseguidos, hasta que hay una incidencia.
El techo que nadie ve venir
Todo va bien hasta que un día el archivo tarda cuarenta segundos en abrir, se corrompe al guardarlo desde la carpeta compartida o dos personas pisan el trabajo de la otra. Para entonces el proceso lleva años montado encima.
El balance
| Ventaja | Su reverso |
| Cualquiera puede montar una solución | Cualquiera puede montar una solución mala |
| Coste de entrada nulo | Coste de mantenimiento invisible |
| Flexibilidad total | Ninguna validación de lo que se introduce |
| Los archivos se comparten fácil | Los datos se escapan fácil |
| No hace falta un informático | Nadie revisa la lógica |
Cómo quedarse con lo bueno
- Separa datos de cálculos. Una pestaña con la información en bruto, otra con los resultados. Nunca mezclados.
- Un solo original. En almacenamiento compartido, no en el correo.
- Documenta las fórmulas críticas en una pestaña de notas. Tu yo de dentro de dos años te lo agradecerá.
- Bloquea las celdas de cálculo y deja editables solo las de entrada.
- Sabe cuándo saltar. Si el archivo es crítico y lo tocan varios, ha llegado el momento de una base de datos o de una aplicación.