¿Cada cuánto hay que actualizar una web?
Las actualizaciones de seguridad, en cuanto salen. El resto —revisión de formularios, enlaces rotos, copias, velocidad— con una revisión mensual va sobrado para un sitio pequeño.
Jesús Solaz, sobre mantenimiento y seguridad web
Una web no es un cartel: es software conectado a internet las veinticuatro horas. Y el software, si nadie lo toca, no se conserva. Se pudre despacio hasta que un día no arranca.
Hay una idea muy extendida y muy cara: que una web se hace una vez y ya está. Que es como imprimir un catálogo. Se paga, se entrega y se olvida.
El problema es que una web no es papel. Es un programa que se ejecuta en un servidor conectado a internet, apoyado en una pila de piezas —sistema operativo, servidor web, lenguaje, base de datos, extensiones— que se mueven todas por su cuenta. Si nadie mira, el conjunto se desalinea.
Cada versión de un gestor de contenidos o de un plugin que se queda atrás es una puerta con la cerradura publicada. Los ataques a webs pequeñas no son personales: son barridos automáticos que prueban vulnerabilidades conocidas en millones de dominios. No hace falta ser interesante para que te toque.
Y el destino habitual de una web comprometida no es el borrado dramático, sino algo más discreto: inyectarle enlaces de spam a sitios de apuestas o farmacias. Sigue funcionando, la ves igual, y Google la va hundiendo hasta que un día ya no apareces por tu propio nombre.
La pasarela de pago cambia su API. El servicio de correo endurece los requisitos de autenticación. La API de mapas empieza a exigir facturación. Ninguna de esas cosas te avisa en la web: simplemente, un martes, el formulario deja de enviar y nadie se entera hasta que un cliente llama enfadado preguntando por qué no le has contestado.
Chrome y Safari sacan versiones cada pocas semanas y van retirando cosas antiguas. Una web de 2016 puede seguir viéndose bien y, a la vez, tener un menú que ya no abre en el iPhone actual.
Un certificado caducado planta una pantalla roja de advertencia entre tú y todos tus visitantes. Un dominio no renovado se pierde, y recuperarlo puede ser imposible si alguien lo captura.
Nadie llama para decir que tu formulario no funciona. Simplemente se van a otro sitio. Por eso los fallos silenciosos son los más caros.
| Tarea | Frecuencia | Por qué |
|---|---|---|
| Actualizaciones de seguridad | En cuanto salen | Es el vector de ataque número uno |
| Copia de seguridad probada | Diaria, restaurada de vez en cuando | Una copia sin probar no cuenta |
| Prueba real de los formularios | Mensual | Falla en silencio |
| Revisión de enlaces rotos | Mensual | Afecta a experiencia y a SEO |
| Velocidad en móvil | Trimestral | Se degrada al añadir contenido |
| Certificado y dominio | Aviso automático | Caducan sin avisar dos veces |
| Revisión de Search Console | Mensual | Google avisa ahí de los problemas graves |
La cuenta es sencilla. Un mantenimiento razonable para una web pequeña es una cantidad modesta al mes. Recuperar un sitio comprometido, limpiarlo, pedir la revisión a Google y esperar a que vuelvan las posiciones cuesta bastante más, y durante ese tiempo el teléfono no suena.
Jesús Solaz lo plantea a sus clientes en esos términos: no como un extra opcional, sino como lo que es. Una web es una instalación. Y las instalaciones se revisan.
Las actualizaciones de seguridad, en cuanto salen. El resto —revisión de formularios, enlaces rotos, copias, velocidad— con una revisión mensual va sobrado para un sitio pequeño.
Sirve si la has probado. Una copia que nunca se ha restaurado no es una copia: es una suposición. Conviene además guardar una fuera del propio servidor, porque si se pierde el servidor se pierden las dos cosas a la vez.
Lo más urgente es comprobar si hay versiones con vulnerabilidades conocidas y si el certificado y el dominio están al día. Después, revisar que los formularios sigan entregando correo: es lo que falla más y en silencio.
Jesús Solaz
Empresario tecnológico y creador de software